ASISTENCIA A LOS SUPERVIVIENTES DE MINAS TERRESTRES
Al igual que ocurre con el número de minas terrestres que hay en el mundo, sigue siendo difícil contestar, de forma concluyente, a la pregunta de cuántos supervivientes de minas hay. Más complicado es, si cabe, intentar obtener una visión completa de las víctimas causadas por las minas terrestres. El perfil de las víctimas varía de un país a otro, pero lo que sí es una constante es que la inmensa mayoría de las víctimas son civiles.
Aunque las víctimas por minas no son un fenómeno nuevo, sí lo es que la atención se haya centrado en las víctimas por minas terrestres - supervivientes de minas terrestres- como consecuencia del espectacular crecimiento de la sensibilización en torno al problema que ha generado el movimiento mundial en favor de la prohibición de las minas antipersona, la retirada de las minas colocadas y la asistencia a las víctimas y a las comunidades afectadas de todo el mundo.
El movimiento en favor de la prohibición está ayudando a fomentar una manera mucho más amplia de entender el problema de las minas terrestres - y los problemas de los supervivientes y de las comunidades afectadas por ellas. El movimiento en favor de la prohibición también ha aportado un marco para tratar todos los aspectos de la crisis de las minas terrestres: el Tratado para la Prohibición de Minas. Este primer Informe del Monitor de Minas Terrestres está contribuyendo a recalcar las lagunas de información sobre los afectados por las minas en el mundo.
El Tratado para la Prohibición de Minas y la asistencia a las víctimas
La ICBL ejerció mucha presión para que la letra del Tratado incluyese aspectos relacionados con la asistencia a las víctimas de minas. En el Preámbulo se reconoce el deseo de los estados parte de "realizar sus mejores esfuerzos en la prestación de asistencia para el cuidado y rehabilitación de las víctimas de minas, incluidas su reintegración social y económica, ( )."
El artículo 6 del Tratado reza "Cada Estado Parte que esté en condiciones de hacerlo, proporcionará asistencia para el cuidado y rehabilitación de víctimas de minas, y su integración social y económica, así como para los programas de sensibilización sobre minas". El artículo 6 estipula el derecho de cada parte a pedir y recibir asistencia, en la medida que sea posible, para las víctimas. Este artículo implica una responsabilidad de la comunidad internacional de respaldar los programas de asistencia a las víctimas en los países afectados por las minas con recursos limitados.
Recopilación de datos: las víctimas de las minas terrestres y el "problema de las cifras"
Sigue siendo difícil obtener información concreta sobre las víctimas de minas. A pesar de que los deseos de la comunidad internacional por tratar de una forma más eficaz todas las cuestiones complejas relacionadas con la epidemia de las minas terrestres han supuesto mayores esfuerzos en la recopilación sistemática de datos sobre las víctimas de minas, sigue habiendo una grave escasez de información. El Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) lleva recopilando datos desde 1979, habiendo puesto en marcha 45 proyectos en 22 países, y sigue siendo, actualmente, la fuente de información más completa. Desde 1979 el CICR ha fabricado más de 120.000 prótesis para más de 80.000 personas con miembros amputados. En 1997, de las 11.300 prótesis fabricadas, 7.200 se destinaron a víctimas de minas. Sigue habiendo, según el CICR:
" Hay una escasez general de datos verosímiles sobre países afectados por las minas. Puede que las víctimas de minas estén concentradas en lugares como los hospitales. Sin embargo, los datos recogidos en los hospitales son de supervivientes a heridas de mina; los datos referentes a los muertos y al impacto que ocasiona en las familias de las víctimas deben buscarse en algún otro lugar. Los datos más precisos se han obtenido bien de los hospitales del CICR o de equipos de estudios concretos que han realizado estudios epidemiológicos en los países afectados ( ). No es fácil obtener financiación para estos estudios concretos (no se consideran "asistencia") y la recopilación de datos puede convertirse en una tarea difícil y, posiblemente, peligrosa. Llega a ocultarse información de forma intencionada por las implicaciones políticas o militares que pueda traer consigo ( ). La recopilación precisa de datos es el primer paso que hay que dar para hacer frente a una epidemia; y, en el caso de esta epidemia, es lo mismo".
Con los informes sobre los países del Monitor de Minas Terrestres se ha logrado reunir información variada sobre las víctimas de minas y los programas de asistencia. Este primer informe indica, por ejemplo, que el número de víctimas está experimentando un descenso en varios países de alto riesgo: Afganistán, Bosnia, Camboya, Croacia, Eritrea, Mozambique y Somalilandia. Esta información es, sin duda, alentadora, pero es preciso analizar las razones del descenso. Los informes sobre los países aportan algunas posibles explicaciones, pero la investigación no es sistemática y las explicaciones son, muchas veces, especulativas o inexistentes. En algunos casos, como el de Camboya, el descenso podría atribuirse tanto a un descenso importante de los enfrentamientos como a cualquier otro motivo. En otros casos, puede deberse, en parte, al impacto de los programas de sensibilización sobre minas; o a la forma en que se ha dado prioridad a los programas de remoción y la manera de desarrollarlos; p. ej., si se trabaja en las zonas de limpieza de minas en las que se va a realojar a los refugiados, antes de que éstos vuelvan, se reduce el número de víctimas. Es importante entender bien las causas de los descensos para poder programar la planificación, sobretodo para aplicar las lecciones aprendidas a otras situaciones y reducir el número de incidentes debidos a las minas.
La insistencia en la obtención de datos claros no es un ejercicio esotérico. Tiene sus implicaciones prácticas. Las estadísticas son importantes para el desarrollo de programas de asistencia y la especificidad de la información recopilada tiene un impacto sobre los tipos de programas planteados. Por ejemplo, si un porcentaje alto de las víctimas de minas de una país son niños, los programas de asistencia deberán ser diferentes a aquellos en los que este porcentaje fuese relativamente bajo. Disponer de mejores datos trae consigo un mejor aprovechamiento de los escasos recursos.
Al mismo tiempo, existe el temor de que los datos recogidos - sobretodo los estudios de supervivientes de minas- puedan llegar a hacer más mal que bien si el número de éstos aumenta y no están estrechamente ligados, de forma paralela, a una actividad que sea tangible para la comunidad de supervivientes.
Los supervivientes de las minas: necesidades y asistencia
Puede que falten datos de referencia sobre las víctimas y los supervivientes de minas, pero son bien conocidas las necesidades básicas de las víctimas de todo el mundo. A saber:
Asistencia médica de urgencia
Cirugía de amputación y cuidados postoperatorios
Rehabilitación física
Prótesis
Sillas de ruedas y muletas
Asistencia a víctimas sin amputaciones (ceguera, sordera, etc.)
Rehabilitación psicológica
Combate del estigma social
Vuelta de las víctimas a la productividad económica
Aunque son de casi todos conocidas las necesidades que tienen que hacer frente los supervivientes de las minas terrestres, la mayoría de los recursos que se dedican a la asistencia a las víctimas van encaminados a la rehabilitación médica y física. Son muchos menos los recursos dirigidos a la rehabilitación psicológica y a la reintegración socioeconómica a pesar de que, sin este apoyo, los supervivientes de las minas tienen, a menudo, una vida aislada e improductiva. Como dijo un médico del CICR, "la rehabilitación se ha centrado siempre en los aspectos físicos de discapacidad. La rehabilitación física conlleva un apoyo psicológico hasta cierto punto de las personas que han sufrido una amputación recientemente. Sin embargo, la necesidad de proporcionar asistencia psicológica adicional y de ayudarles a encontrar un lugar en la sociedad es un aspecto que se ha descuidando de forma generalizada. Existen pocos datos sobre la vida que llevan los que han sufrido amputaciones. En algunos países, estas personas forman grupos y se rebelan contra la sociedad que los ha rechazado; en otros, algún tipo de clan o familia no oficial de apoyo a los discapacitados.
Los informes sobre los países realizados por el Monitor de Minas Terrestres indican claramente que la inmensa mayoría de los escasos recursos destinados a la asistencia a las víctimas de las minas se dedican a las necesidades médicas y protésicas inmediatas de los supervivientes; y, por supuesto, a menudo, en muchos países devastados ni siquiera se cubren estas necesidades. En Angola, por ejemplo, se calcula que se necesitan más de 5.000 nuevas prótesis cada año sólo para cubrir las amputaciones existentes - más del doble del número de prótesis que se están fabricando actualmente en el país. Y, un país tras otro, la investigación del Monitor de Minas Terrestres muestra un panorama muy negro para los supervivientes de las minas:
Angola: "el futuro [de las personas con amputaciones] será ser cuidados por sus familias (...)"
Somalilandia: "La mayoría de las víctimas de las minas no reciben asistencia postoperatoria alguna ( ) en octubre de 1998 ( ) en un solo día, la Sociedad de la Media Luna Roja vio a sesenta personas con amputaciones que necesitaban ayuda para obtener aparatos para moverse.
Sudán: "La infraestructura básica y los servicios públicos en el sur de Sudán son prácticamente inexistentes". "Los centros de ayuda psicológica y social para las víctimas de las minas son inadecuados, cuando no inexistentes ( )".
Colombia: "Los programas de reintegración social y económica para los discapacitados como consecuencia de las minas terrestres o de la guerra son prácticamente inexistentes en Colombia".
Nicaragua: "Aunque sí hay algún tipo de seguridad social, la mayoría de las víctimas reciben el apoyo de sus familias"
Laos: "En ninguno de los seis centros en funcionamiento de Laos se hace un seguimiento normalizado de las personas con amputaciones a las que se coloca prótesis".
Azerbaiyán: "Los programas de rehabilitación psicológica o física son prácticamente inexistentes".
Croacia: "No hay ningún taller de prótesis en Croacia ( ). Las víctimas de las minas no reciben ningún tratamiento especial distinto al de otros discapacitados".
Intentar analizar los fondos que se destinan a los programas de asistencia a las víctimas de las minas es tan difícil como en el caso de los programas de acción contra las minas. Aun cuando la recopilación de datos se hace de forma centralizada, como ocurre con el Mine Action Support Group de la ONU, que recopila información de manera informal sobre las aportaciones de donantes bilaterales a los proyectos de acción contra las minas, no puede hacerse un análisis definitivo de los datos porque no existen criterios normalizados para la elaboración de informes. En el cuaderno informativo del Mine Action Support Group de la ONU (MASG), una de las colecciones de información más amplias hasta la fecha, se ofrecen datos hasta noviembre de 1998, pero no se indica el período de tiempo cubierto, que puede variar de un país a otro, ni queda claro qué períodos de tiempo cubren esas donaciones. La misma falta de coherencia y transparencia de los informes sobre las víctimas tan presente en el apoyo a la acción contra las minas hace que sea casi imposible tener una visión clara de la situación. Esta es otra de las áreas en las que el sistema de trabajo continuado del Monitor de minas terrestres insistirá para que haya más claridad.
Pero, aunque el panorama global pueda ser confuso, hay un aspecto que está muy claro, y es que los recursos destinados a la asistencia a las víctimas, como confirman los propios donantes, son bastante menores que los destinados a programas de remoción de minas. El cuaderno informativo del MASG refleja el apoyo económico bilateral a 35 países, proveniente de 16 países donantes y la Unión Europea. Los donantes indicaban, a grandes rasgos, si el dinero se destinaba a la remoción de minas, programas de capacitación, sensibilización sobre las minas o asistencia a las víctimas. De los aproximadamente 410 millones de dólares en ayuda bilateral, unos 23,6 millones fueron destinados a asistencia a las víctimas, de una forma u otra. Este cuaderno informativo no es más que un indicador y, sin duda, con muchas lagunas y puntos confusos, pero nos da una idea de la proporción que destinan a la asistencia a las víctimas y a las tareas de remoción los países donantes más importantes del mundo en la acción contra las minas.
Cómo hacer frente a las necesidades de los supervivientes
Generalmente, la asistencia a las víctimas forma parte de los escasos servicios globales de asistencia sanitaria y sociales de cada país. En los países más devastados por los conflictos, los servicios médicos y sociales básicos, que suelen ser escasos ya de por sí incluso en las mejores circunstancias, se reducen aún más o incluso desaparecen por completo. En estos casos, las víctimas de las minas sufren al igual que lo hace todo aquel que busca asistencia. En algunos países, el CICR, las ONG, las agencias de la ONU y otras organizaciones han tomado cartas en el asunto y se han convertido en la única fuente de asistencia a los supervivientes de minas terrestres y otras víctimas de guerra. Con todo y con eso, las necesidades de los supervivientes de minas terrestres son a largo plazo. Debería ofrecerse apoyo a los países para que desarrollasen su propio sector de servicios sociales y de sanidad y así fuesen capaces de hacer frente al problema en años venideros - al igual que con la limpieza de minas.
Lo ideal sería que los temas de discapacidad se tratasen en varios ministerios - educación, trabajo y empleo, bienestar social, interior, finanzas- y no sólo en el sector de la sanidad. Si se quiere hacer frente a la variedad de cuestiones relacionadas con la rehabilitación y la reintegración de los supervivientes de las minas es necesario darle este tipo de enfoque integrado. En su apoyo a este tipo de atención integrada, la comunidad internacional debe encontrar formas de garantizar que la gente con discapacidades tenga voz en los procesos de toma de decisiones que afectan a sus vidas y las de sus familias. Allí donde las agencias internacionales han tenido que intervenir y ofrecer servicios, la comunidad internacional debería trabajar para desarrollar programas locales y autónomos, de igual manera que lo hacen las agencias humanitarias de limpieza de minas. En resumidas cuentas, es necesario que la comunidad internacional haga más y que lo haga mejor.
Otro aspecto de esta parte del problema es la definición de "víctima". Las personas heridas físicamente por las minas terrestres deben ser foco de asistencia porque son los que han tenido un sufrimiento más violento y más directo. Al mismo tiempo, se ha admitido que es posible y, a menudo, deseable, adoptar una definición más amplia de víctima pudiendo incluir en ésta a las familias de los propios heridos y a las comunidades afectadas por las minas de una manera global. La utilización de una definición más amplia en la planificación de los programas beneficiaría a las familias y a las comunidades sin que esto suponga arrebatar nada a las necesidades complejas de los propios supervivientes. Por ejemplo, un programa para el desarrollo de una comunidad basado en una definición muy amplia que se ponga en marcha en una zona con gran cantidad de minas no debería considerarse un programa de "asistencia a las víctimas" a no ser que incluya medidas explícitas para hacer frente a los asuntos relacionados con la discapacidad en esa comunidad. Los programas para el desarrollo de comunidades basados en este concepto más amplio han desoído tradicionalmente los problemas de las personas con discapacidades (ya sea por amputación o de otro tipo) y estos grupos estigmatizados y marginados no se benefician a no ser que sean incluidos de forma explícita en la planificación del programa.
Este nuevo enfoque del problema de las minas debe canalizarse para lograr la integración de la planificación de la asistencia a las víctimas en las políticas nacionales. Los supervivientes de las minas no deberían ser separados de otras víctimas de guerra o personas con discapacidades. El apoyo de la comunidad internacional debería centrarse en el desarrollo de la capacidad local; y la rehabilitación médico-física debería tomarse como un elemento precursor - y no como el punto final- de la rehabilitación completa y la verdadera reintegración socioeconómica de los supervivientes en la comunidad, entendida ésta en su sentido más amplio. Aunque no hay garantías contra la estigmatización de los supervivientes de las minas y otras personas con discapacidades, una forma de empezar a afrontar el problema es mediante un enfoque indígena integrado a largo plazo. Y por último, la comunidad internacional debe trabajar con empeño para asegurarse de que su propio apoyo y programas no estimulen ni agraven la estigmatización de las víctimas de las minas terrestres y sus familias.
Al convertirse el aumento de la ayuda en un reto de primer orden, se ha tomado una serie de iniciativas en los dos últimos años para establecer recomendaciones y normas de actuación. Entre éstas, se encuentran por ejemplo el "Manifiesto de Berna", impulsado por WHO, UNICEF, el CICR y el gobierno suizo. El Grupo de trabajo para la asistencia a las víctimas (Working Group on Victim Assistance) de la ICBL, creado en febrero de 1998 y compuesto por casi 25 ONG, también ha redactado las "Normas para la atención y rehabilitación de los supervivientes" (Guidelines for Care and Rehabilitation of Survivors).
La recopilación de datos exactos y el seguimiento de la asistencia correspondiente no va a salvar la brecha que hay entre las necesidades de las víctimas de todo el mundo y la escasez de recursos destinados a ayudarlas. En abril de 1998, el Grupo de trabajo para la asistencia a las víctimas de la ICBL desarrolló una matriz de costes asociados a la rehabilitación completa de un superviviente de minas. Los componentes del Grupo de Trabajo aprovecharon su experiencia de campo y los resultados de los estudios de WHO, UNICEF, la Cruz Roja Americana y otras organizaciones y llegaron a una cifra de 9.000 dólares estadounidenses por superviviente. La cifra se obtiene partiendo de los costes estimados de varios tipos de asistencia, que va desde los primeros auxilios, asistencia médica de urgencia y prótesis con rehabilitación física hasta el apoyo psicosocial, el aprendizaje vocacional y la ayuda para la incorporación al mercado de trabajo.
Se calcula que el número de supervivientes de minas terrestres en el mundo es 300.000; con lo que la cantidad total que se necesitaría para prestar asistencia completa a los supervivientes ascendería, aproximadamente, a 3.000 millones de dólares. La ICBL ha hecho un llamamiento a la comunidad internacional para que aporte estos fondos en un plazo de diez años. El gobierno de los Estados Unidos ha retado a la comunidad internacional a que se recauden mil millones al año durante la siguiente década para crear un mundo sin minas.
Sin duda, los supervivientes de esta crisis mundial deberían formar parte del reto. Un mundo sin minas, pero con el sufrimiento de las víctimas, no es precisamente un objetivo por el que luchar.