INTRODUCCIÓN

El logro de la Convención sobre la prohibición del empleo, almacenamiento, producción y transferencia de minas antipersona y sobre su destrucción ha sido acogido por el Secretario General de Las Naciones Unidas, Kofi Annan, como "un hito en la historia del desarme" y "una victoria histórica de los más débiles y vulnerables de nuestro mundo". Desarrollado y negociado en sólo un año y firmado por 122 naciones en Ottawa, Canadá en diciembre de 1999, ha sido considerado como un logro extraordinario por la mayoría de los observadores. Sin embargo, los más implicados, fuera y dentro del gobierno, se apresuraron a señalar que el trabajo no había hecho más que empezar --por delante quedaban tareas colosales: la rápida ratificación de los estados para garantizar una pronta entrada en vigor (acorde con una crisis mundial) y la universalización del Tratado (con la incorporación de los estados más reacios), así como la más ingente de las empresas: destruir las decenas de millones de minas ya colocadas, y proporcionar ayuda suficiente a los supervivientes de minas terrestres y a las comunidades afectadas por ellas. Desde entonces ha transcurrido más de un año y es evidente que se ha progresado de forma considerable. El mundo está adoptando la nueva e incipiente norma internacional contra las minas antipersona.